La región de Aysén alberga cerca de 374.722 hectáreas de humedales

Ecosistemas estratégicos para la biodiversidad, la regulación hídrica y la adaptación al cambio climático en un territorio de alta complejidad ambiental.

En el marco del Día Mundial de los Humedales, que se conmemora cada 2 de febrero, la Región de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo destaca por concentrar una de las mayores extensiones de humedales del país. Con una superficie estimada de 374.722 hectáreas, distribuidas en mallines, humedales ribereños y lacustres, además de un importante número de turberas —especialmente en sectores australes—, estos ecosistemas cumplen un rol estratégico en la regulación hídrica, la conservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático.

En el contexto de los compromisos ambientales asumidos por Chile, los humedales se han consolidado como ambientes prioritarios para la mitigación y adaptación frente a los efectos del cambio climático. A nivel nacional, estos ecosistemas cubren aproximadamente 4,5 millones de hectáreas, lo que representa cerca del 5,9 % del territorio, aportando servicios ecosistémicos esenciales para el equilibrio ecológico y el bienestar de las comunidades.

Desde una perspectiva funcional, los humedales actúan como reguladores naturales del ciclo del agua, amortiguando crecidas, almacenando agua en períodos de menor precipitación y mejorando su calidad mediante la retención de sedimentos y nutrientes. Asimismo, desempeñan un rol clave como sumideros de carbono, contribuyendo a la reducción de gases de efecto invernadero y a la regulación del clima.

Importancia estratégica de los humedales en Aysén

La extensa presencia de humedales en la Región de Aysén otorga a estos ecosistemas un valor estratégico a escala territorial. En particular, las turberas cumplen una función crítica frente al cambio climático, al almacenar grandes volúmenes de carbono en sus suelos orgánicos y regular el régimen hídrico, actuando como reservas naturales de agua en zonas donde la influencia glaciar es limitada o inexistente.

La conservación de estos ambientes resulta fundamental no solo para la estabilidad climática, sino también para la disponibilidad hídrica a largo plazo, especialmente en un escenario marcado por el aumento de temperaturas, la variabilidad de las precipitaciones y el retroceso progresivo de glaciares.

Humedales en áreas protegidas: valor ecológico y bioindicadores

Desde el territorio, el jefe del Área La Junta de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), Álvaro D’Amico Najum, destaca la relevancia de los humedales presentes en áreas silvestres protegidas, particularmente en el Parque Nacional Queulat. En sectores como la Laguna Los Quetros y la zona baja del lago Risopatrón se desarrollan humedales de gran valor ecológico, alimentados por aguas de deshielo y condicionados por su origen geológico.

Estos ambientes albergan bosques de arrayanes y especies altamente sensibles a los cambios ambientales, como la ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii), cuya presencia refuerza el valor de los humedales como bioindicadores del estado de conservación del territorio. Asimismo, existe una continuidad de valles húmedos que conecta el Parque Nacional Queulat con el Parque Nacional Melimoyu, zonas que reciben aportes de pequeños glaciares en retroceso y que, durante el verano, mantienen condiciones favorables para la reproducción de anfibios entre los meses de octubre y diciembre.

Desde una perspectiva técnica, los humedales —permanentes o temporales— cumplen funciones esenciales como la retención y regulación del agua, la mejora de su calidad, la mitigación de riesgos naturales asociados a crecidas y aluviones, y el monitoreo natural de los efectos del cambio climático, siendo clave para la estabilidad ecológica y la seguridad ambiental de los territorios.

En este contexto, Evelyn Videla Cortés, jefa de Área Puerto Río Tranquilo de CONAF, destaca que la Región de Aysén posee una riqueza excepcional en biodiversidad y ecosistemas, donde los humedales cumplen un rol fundamental no solo en la preservación del recurso hídrico, sino también en la protección de aves, mamíferos acuáticos, anfibios, insectos y flora asociada. “Un humedal aporta todo un ecosistema, modelando el paisaje y protegiendo la vida de quienes lo habitan”, señala.

A una escala mayor, los humedales que forman parte de áreas silvestres protegidas cumplen funciones estratégicas para el equilibrio ecológico regional. Así lo explica Gabriela Gómez González, jefa provincial de la Provincia de Aysén, quien enfatiza que estos ecosistemas son hábitat de una alta biodiversidad y cumplen un rol esencial como sitios de descanso, alimentación y reproducción para aves migratorias, además de actuar como zonas naturales de amortiguamiento frente a eventos climáticos extremos.

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